miércoles, 8 de noviembre de 2017

COLOMBIA: MODERNIDAD POSTERGADA

Colombia: Modernidad postergada
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
                      El desencanto de la modernidad es lo que se denomina postmodernidad. Como elementos característicos de una sociedad moderna tenemos  el uso de la razón contra toda forma de oscurantismo.  La exaltación de las ideas liberales, la democracia por encima de gobiernos teocráticos, autoritarios y dictatoriales.  La fe en el ser humano como constructor de su propio destino, la capacidad transformadora del hombre orientada hacia el bien colectivo.  La renuncia de la fuerza y de la violencia para dirimir los conflictos.  La vigencia de los derechos humanos.  La secularización de la historia, etc.
                    En Colombia  nos encontramos en la postmodernidad, es decir, en la modernidad postergada.  El uso de  la “razón” ha permitido cometer  los delitos más atroces. El desarrollo desigual de la población,  la insensibilidad social de los poderosos, la guerra como opción política: primero se  aprendió  a matar y después  a dialogar.  El monopolio del poder  por parte de los mismos de siempre, lo cual  ha sido obstáculo para darles cabida a partidos diferentes a los tradicionales. La crisis del bipartidismo y la imposibilidad de conformar y consolidar unas terceras fuerzas políticas. La falta de organización, de coherencia, de cohesión y de una plataforma política atractiva  por parte de la izquierda democrática.  Las tiranías y los autoritarismos  que no sólo hacen estragos en el cuerpo sino también en el alma.
                   Patologías de la ‘democracia’ tales como la ausencia de un proyecto de Nación, la falta de participación ciudadana, la pérdida de legitimidad de las instituciones, las prácticas clientelistas,  corruptas y politiqueras que degradan tanto el régimen como el sistema político. El secuestro y la carencia  de garantías para  preservar la libertad de los asociados.  El terrorismo que hace involucionar a épocas salvajes y primitivas;  el sistema presidencial que subsume todos los poderes en el Ejecutivo.  El reeleccionismo que invalida la alternancia del poder. Un Congreso inferior a las expectativas e intereses  nacionales. La falta de cultura ciudadana, el desprecio por los valores éticos. La indiferencia por lo público y la inclinación al dinero fácil.  La falta de legitimidad de los gobernantes, son entre muchos otros elementos que identifican   una sociedad desencantada.
                    Una sociedad moderna tiene que erigirse sobre la base de los pilares básicos de la democracia, es decir, sobre la igualdad y la libertad de los asociados. Para ello se requiere, en primera instancia de hacer realidad los derechos humanos, es decir, de aquellos bienes primarios que según  Ángelo Papacchini: “…son aquellas garantías que requiere un individuo para poder desarrollarse en la vida social como persona, esto es, como ser dotado de racionalidad y de sentido. En consecuencia se habla de que ningún hombre puede existir sin libertad, ni propiedad, ni sin condiciones económicas mínimas para la vida”.


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