Colombia:
Modernidad postergada
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
El desencanto de la modernidad
es lo que se denomina postmodernidad. Como elementos característicos de una
sociedad moderna tenemos el uso de la
razón contra toda forma de oscurantismo. La exaltación de las ideas liberales, la
democracia por encima de gobiernos teocráticos, autoritarios y dictatoriales. La fe en el ser humano como constructor de su
propio destino, la capacidad transformadora del hombre orientada hacia el bien
colectivo. La renuncia de la fuerza y de
la violencia para dirimir los conflictos. La vigencia de los derechos humanos. La secularización de la historia, etc.
En Colombia nos encontramos en la
postmodernidad, es decir, en la modernidad postergada. El uso de la “razón” ha permitido cometer los delitos más atroces. El desarrollo
desigual de la población, la
insensibilidad social de los poderosos, la guerra como opción política: primero
se aprendió a matar y después a dialogar. El monopolio del poder por parte de los mismos de siempre, lo cual ha sido obstáculo para darles cabida a
partidos diferentes a los tradicionales. La crisis del bipartidismo y la
imposibilidad de conformar y consolidar unas terceras fuerzas políticas. La
falta de organización, de coherencia, de cohesión y de una plataforma política
atractiva por parte de la izquierda
democrática. Las tiranías y los
autoritarismos que no sólo hacen
estragos en el cuerpo sino también en el alma.
Patologías de la ‘democracia’
tales como la ausencia de un proyecto de Nación, la falta de participación
ciudadana, la pérdida de legitimidad de las instituciones, las prácticas
clientelistas, corruptas y politiqueras
que degradan tanto el régimen como el sistema político. El secuestro y la
carencia de garantías para preservar la libertad de los asociados. El terrorismo que hace involucionar a épocas
salvajes y primitivas; el sistema
presidencial que subsume todos los poderes en el Ejecutivo. El reeleccionismo que invalida la alternancia
del poder. Un Congreso inferior a las expectativas e intereses nacionales. La falta de cultura ciudadana, el
desprecio por los valores éticos. La indiferencia por lo público y la
inclinación al dinero fácil. La falta de
legitimidad de los gobernantes, son entre muchos otros elementos que
identifican una sociedad desencantada.
Una sociedad moderna tiene que
erigirse sobre la base de los pilares básicos de la democracia, es decir, sobre
la igualdad y la libertad de los asociados. Para ello se requiere, en primera
instancia de hacer realidad los derechos humanos, es decir, de aquellos bienes
primarios que según Ángelo Papacchini: “…son
aquellas garantías que requiere un individuo para poder desarrollarse en la
vida social como persona, esto es, como ser dotado de racionalidad y de
sentido. En consecuencia se habla de que ningún hombre puede existir sin
libertad, ni propiedad, ni sin condiciones económicas mínimas para la vida”.
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